
Letras de una asesina
Todo se vino abajo al morir tú, mi única pertenencia, ahora has muerto, has muerto en el nombre de una desquiciante palabra llamada amor, esa palabra que con sus sucias tretas logro hacerme caer en un abismo tan obscuro como la nada, tan silencioso como encontrarme, mejor dicho, perderme; si, perderme en esta terrible pesadilla de la que intento despertar, a pesar de estos horrorizados gritos, el ruido no traspasa estas cuatro paredes de la habitación.
Fue triste, me sentí abrumada al ver tu rostro pálido, tus ojos cerrados y ese gesto indiferente que jamás había hecho presencia. Allí me tenias, a tu lado, llorando, gritando para despertarte, para hacerte volver a mi lado, para apartarte de su presencia casi ausencia, de sus fríos brazos, de los brazos de ella, de la muerte.
La desesperación hizo su aparición, vestida de gala, con su mirada frenética y desgarradora vos, poco a poco se fue introduciendo en mí; fue entonces que lleve mis manos al rostro que tantas veces mire en el espejo y que hoy parecía irreconocible, lo bañe en sangre, desgarre mi ropa, arañe cada parte de mi escaso ser con la ira de un desconocido rincón de mi mente, te golpee, te mordí y hasta te bese, ¿y tú?, seguías ahí con el mismo gesto de indiferencia.
Fue entonces que tome esa firme decisión, que a quien no ha sentido esa insana pación, le llegaría a parecer repulsivo, compulsivo, enfermizo e incomprensible, pero que importaba, nadie estaba cerca, te habían arrebatado de mis brazos y yo estaba dispuesta a volver a tu lado, pero no sin antes librar a la humanidad de la ponzoña de quienes te robaron el último aliento.
Los cacé como las bestias que eran y los acorrale en mis dominios, donde la ventaja la tenía yo, todo mi esfuerzo y la rabia que llevaba por dentro rindieron frutos, se arrodillaron y suplicaron por sus vidas, pero yo también lo hice por la tuya y no tuvieron compasión, así que yo no la tuve por ellos, los destroce a ambos, a cada uno en su momento, dedo por dedo, miembro por miembro, entre ahogados y desesperados gritos pagaron todo lo que nos hicieron cariño.
Ahora estoy lista para recostarme en tu pecho de nuevo, no sé como he logrado sobrevivir todo este tiempo sin ti, no sé si podrás recordar mi rostro o si mas allá de la experiencia de la muerte hay algo más, pero mis muñecas ya están rasgadas, no hay vuelta atrás.
Tú siempre me salvas con tu inmensurable amor, más allá de la vida y de la muerte siempre estas tú.
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